Hay momentos para la explosión. En mi caso suelen llegar tarde, tan fuera de lugar que casi carecen de sentido y amenazan con dejarme en evidencia.
Hay momentos para gritar, para decirle a alguien algo así como ¡tú y tu comprensión os podéis ir a la mierda!
Hay momentos para abandonar las palabras dulces, los recuerdos dulces, la añoranza de las dulces esperanzas. Abandonar a quien solo esta en tu cabeza y reconocer a quien tienes al lado y permitirte sentir el desprecio que te causa. Abandonar la penosa comprensión y dejar salir la rabia.
Hay momentos para escupir a quien te escupe.
Y no lo sientas si te salpica, es solo tu rabia. Fuera se lava, dentro quema, escuece, enferma. No lo sientas si te marca, si se incomprende. Recuerda que ya has renunciado a su comprensión, la has mandado a la mismísima mierda donde hace ya tiempo que él te envió, con dulces giros semánticos, gestos de paternal condescendencia de quien se sabe poderoso, a lo profundo te fuiste y allí por fin entendiste que no hay nada que hacer.
Hay momentos para la reconstrucción.
Hay momentos para gritar, para decirle a alguien algo así como ¡tú y tu comprensión os podéis ir a la mierda!
Hay momentos para abandonar las palabras dulces, los recuerdos dulces, la añoranza de las dulces esperanzas. Abandonar a quien solo esta en tu cabeza y reconocer a quien tienes al lado y permitirte sentir el desprecio que te causa. Abandonar la penosa comprensión y dejar salir la rabia.
Hay momentos para escupir a quien te escupe.
Y no lo sientas si te salpica, es solo tu rabia. Fuera se lava, dentro quema, escuece, enferma. No lo sientas si te marca, si se incomprende. Recuerda que ya has renunciado a su comprensión, la has mandado a la mismísima mierda donde hace ya tiempo que él te envió, con dulces giros semánticos, gestos de paternal condescendencia de quien se sabe poderoso, a lo profundo te fuiste y allí por fin entendiste que no hay nada que hacer.
Hay momentos para la reconstrucción.
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