El día que el mundo lloró a David Bowie nos despertamos borrachos después de no dormir. Yo lloraba y tú te dejabas acariciar, desnudo, excitado y triste.
Te comías mi pena para que yo no pudiera sentirla. Alcancé a decirte que te deseaba todo lo mejor, y aún pensaba que yo cabía en ese todo.
Ahora estoy fuera del círculo, ese circulo que yo trazaba con mis dedos sobre una mesa de madera rugosa y pintada, ¿te acuerdas?
Tú me colocadas dentro y yo ya me sabía fuera. Creo que fue ahí donde aprendiste a mentir.
Aquí estoy bien.
Puede que no haya un círculo sino una espiral por la que me voy deslizando hasta que el centro del todo sea yo. Y mi yo, mi todo.
La pena no se come, se escupe en forma de rabia o se va transformando poco a poco en algo que ya no es ella misma, que no existe y nos hace mejores.
Cuando esto suceda, puede que vaya a buscarte y entonces, solo entonces, podré volver a entrar en tu círculo.
Ahora, adiós.

No hay comentarios:
Publicar un comentario