lunes, 21 de marzo de 2016

La foto



Esta fotografía se me clavó en la retina siendo yo pequeña y creo que eso me ayudó a ser quien soy. Vi en ella a mi abuela, que en ese momento sería más joven, pero yo entonces no sabía que las abuelas también fueron jóvenes. Vi a mi tía Alejandra, que con solo cinco años tuvo que salir huyendo del pueblo para refugiarse en Madrid, la tumba del fascismo, la tumba de todos los muertos que les quedaban por asesinar. Vi el dolor incomprensible pensando que de mayor comprendería. 
Y sigo sin comprender lo que no se puede explicar. 

Y sin embargo, tenemos que hacerlo, tratar de explicar para no permanecer inmóviles esperando a que las imágenes desaparezcan de nuestra vista. Pensábamos que nuestros ojos no iban a ver esto dentro de nuestro espejismo de civilización y agua caliente. Pero, ¿está justificada nuestra sorpresa? No lo dudo, lo niego ¿Acaso no sabíamos del sufrimiento de tantas personas? No nos ha dolido hasta que han venido a nuestra puerta y se la hemos cerrado. Vienen los supervivientes, los más valientes, los mas afortunados, la esperanza de la humanidad. Y nosotros nos suicidamos con ella.


La tortura, la maldad, tiene un problema con los umbrales. Ceden, ceden y vuelven a ceder a medida que nuestra aparente pasividad se lo permite. De modo que ni nuestra solidaridad ni nuestra indignación, imprescindibles ambas, pueden ser nunca suficientes para vencerla. La inacción política de los pueblos de Europa no es la muerte de la Unión Europea, los mercados siempre saben como reconstruirse, sino el suicidio de la Dignidad de la que nos creímos protectores. 


Las muertas somos nosotras. Nos hemos dejado matar, somos zombies, y ahora vienen personas de verdad a darnos noticia de ello. No son un problema, son nuestra salvación. Si somos capaces de resucitar y defender lo que de humano nos queda en ellas, podremos salvarnos. Sin una solución política que provenga de los pueblos de Europa, que exija la inmediata disolución de los aparatos de poder criminales, no hay nada que hacer. Solo el pueblo salva al pueblo. Un pueblo consciente y organizado, un pueblo vivo.

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