Hay voces que me saben a gazpacho en un mediodía de resaca y sol. Canciones que te huelen y te flashean recuerdos que ya ni sabías que guardabas. Son instantáneas de algo que te hizo feliz aun sin tú saberlo.
No es nostalgia, es consciencia de lo vivido y placer de reconocerme cuánto he hecho yo para ser yo. Y, por qué no, reconocérselo también a quien sin querer, sonríe, y te graba ese instante en el disco duro para que, veinte años después lo saques y te acuerdes de que sí, alguna vez te hizo feliz.
Luego vienen los males, las otras canciones y los sabores amargos de esas otras resacas, las que duelen. Pero también somos nosotros y no cabe renegar.
Suenan Los Piratas en la radio y anoche lo pasamos bien. Te quiero y mi vida entera se presenta ante mí, como esa carretera que recorremos una y mil veces para unirnos y separarnos.
Risas, primavera, promesas de amor solo en parte incumplidas.
Gracias por intentarlo.
Gracias por irte cuando ya no era posible.
Y ahora no sé porqué me he acordado de ti. Ah, sí, la radio.
Será la primavera. Será que a mí nunca me salió tan bien el gazpacho.
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