Sí, lo hemos conseguido y aunque sabemos que no nos lo van a reconocer, también sabemos que ha sido nuestro éxito. La reforma de la ley del aborto que limitaba aún más la capacidad de las mujeres para decidir sobre nuestras vidas, finalmente no se va a aprobar por parte de este gobierno. La intensa campaña que los colectivos feministas han protagonizado durante más de un año ha logrado parar la ola de sangre y sufrimiento que sin duda iba a generar.
El aborto es un derecho extraño de reivindicar, porque no es un bien en sí mismo, como puede ser la educación o la vivienda, pero es un acto de libertad humana innegable e irrenunciable. Ninguna persona, ninguna institución, ninguna idea o creencia debe estar nunca por encima de mi libre decisión sobre mi posible maternidad. Puede parecer sencillo de aceptar por quienes están a favor de la autoemancipación de las mujeres, pero no lo es tanto cuando el debate se detiene sobre lo particular y se pretende llevar a la práctica. Y no lo es en absoluto cuando se razona desde el prejuicio religioso para determinar qué cosa es la vida y lo que se pretende es seguir dominando a las mujeres por medio del control de su sexualidad y su capacidad reproductora. En la oleada patriarcal que estamos viviendo estos días, el control de la maternidad por parte de los poderes opresivos religioso-políticos se ha convertido en caballo de batalla en todo el mundo, con diferentes grados. La respuesta activa de las mujeres, en primer lugar de las feministas, tampoco ha sido igual. En el caso de este país, la lucha ha dado unos frutos agridulces de los que todas, también las mas pasotas o sus retractoras, nos beneficiaremos.
Aunque de pleno derecho salgamos a celebrarlo, una vez pasada la resaca tendremos que sentarnos a reflexionar sobre algunos aspectos. La dimensión de lo que ha estado a punto de suceder en el estado español es tan grande, que no podemos bajar la guardia. No solo porque sabemos que los enemigos de nuestra libertad no van a cejar en su empeño. Buscarán las formas para que sus coces nos alcancen y dañarnos en lo mas íntimo, para imponer sus creencias sobre lo que es o no es la vida, la persona, su dignidad. Ellos, los enemigos de la vida se hacen pasar por sus guardianes por encima de la voluntad de las que la crean y la cuidan prioritariamente. Una decisión política ha estado a punto de condenarnos a la condición de úteros objetivizados, alienados. Otra decisión, también política, nos concede una tregua, pero no deberíamos permitirnos el lujo de instalarnos en el espejismo. El hecho de que sea un éxito de la lucha feminista no evita que se trate de una cuestión de oportunidad política. No nos rasguemos las vestiduras, en esto consiste nuestro sistema democrático. Y del mismo modo que hoy celebramos, mañana podemos llorar, incluso morir, solo porque dejamos que nuestra vida quede en manos de las decisiones ajenas.
Si los feminismos se mantienen en los márgenes de la lucha política por la conservación de los derechos adquiridos y no avanzan en un sentido verdaderamente transformador de la realidad, en clave autoemancipatoria, estamos condenadas a que en cualquier momento nos vuelvan a relegar a la clandestinidad y la muerte. La verdadera trinchera no está, nunca lo ha estado, en el parlamento. El diálogo no es con el ministro sino con las personas de la calle, con las mujeres en todos los ámbitos, para que intercambiarnos en ideas y argumentos sobre la maternidad libre y el aborto deje de ser un tabú del que solo hablan las feministas.
El éxito real llegará no cuando se nos reconozca un derecho a (sobre)vivir, que es lo que celebramos hoy, sino cuando la posibilidad del retroceso en nuestra libertad sea inconcebible hasta para aquellos que hacen de ello una misión de vida. Solo entonces podremos respirar tranquilas y decir juntas que lo hemos conseguido.
Aun así, saldremos a brindar porque al menos aquí y ahora hemos contenido la barbarie. Y buscaremos la forma de alentar solidariamente la lucha de tantas mujeres del mundo que ejercen su libertad bajo la amenaza de los estados y el cuchillo de los carniceros. También por ellas, celebremos y compartamos nuestro éxito.

No hay comentarios:
Publicar un comentario