"Algún suceso de todos, pasa desapercibido. Nadie nos ha visto. A nadie, ciegos de ver, hemos visto". Miguel Hernández
lunes, 6 de febrero de 2023
La resignación
viernes, 7 de junio de 2019
Suspendida, entre paréntesis.
Suspendida, entre paréntesis, así transcurre mi vida.
De mi sangre a tu sangre, en una maraña de venas, como cuando estabas dentro de mí, como cuando aún tenía brazos.
Brazos que ahora están inmóviles, inhabilitados para nada que no sea acunarte, alzarte, llevarte conmigo como una extensión de mí misma aunque yo ya no sea yo.
martes, 12 de febrero de 2019
Lenguas viejas
Nuestro idioma es ya una lengua muerta,
enterrémosla.
Que no sea para las liturgias,
que no le sirva a los viejos para la nostalgia.
Está muerta, hagamos otra nueva,
empezando por escuchar e imitar creando,
como cuando éramos niños,
como hará mañana tu hija.
No quiero ser una hora en tu noche,
un orgasmo seco y duro.
Prefiero ser una tarde larga
de paseo y palabras,
muchas palabras,
de las que acarician el alma y generan utopías.
Aunque para serte sincera,
preferiría no tener que elegir.
lunes, 17 de diciembre de 2018
15 de diciembre de 2015
Ahora volvía a sonreír, aunque solo lo hiciera para dentro. Todas las señales le indicaban el mismo camino. Además, él aún no la había visto bailar y todavía les quedaban risas por gastar sobre el colchón.
"Absolutos somos sólo tú y yo", se repetía convencida de que, pasara lo que pasara, estaba satisfecha de haber querido bien y preparada para seguir haciéndolo, del mismo modo, con las mismas fuerzas y distintas razones.
Puede que fuera verdad, que en el amor hubiera más motivos para la alegría que para la tristeza, sobre todo si existen esas personas que te enseñan que es imposible perder el tiempo. No se lo decía la cara de la luna sino la voz de su conciencia.
El mundo seguía yéndose a la mierda en las costas de Grecia pero ella solo buscaba el pan para su alma.
¿Era eso la vida?
No, habría que hacerla.
martes, 16 de octubre de 2018
Ayer te vi.
viernes, 15 de junio de 2018
Niña de agua
13 de mayo de 2018
Carta a una niña inexistente.
Querida hija, perdóname por no saber hacerte.
Por no haber encontrado el momento cuando tenía el tiempo.
Cuando creía que tú podrías esperar.
Esperar a que yo misma terminara de hacerme.
Hoy en mi mañana de sangre y resaca quisiera tener las plantas de tus pies trepando por mi barriga y solo tengo el hueco que no habitas.
No existes y aun te llamo querida mía, niña de agua que no viene, que desvanece y no se me hace.
Otra luna infructuosa. Otro plazo cerrado, oportunidad perdida. Un óvulo muerto que se precipita al vacío sin traerme noticias de ti.
Pienso en tu carne que no desgarrará mi carne y de esta forma te creo y te recreo, que es otra forma de llevarte dentro, en mi sinrazón.
He tardado cuarenta años en encontrar al hombre que he elegido para ser tu padre. Con su ADN fabricaría tu sangre, moldearía tus orejas y juntos te empujaríamos para que arrancaras a volar. Solo con él te he soñado. Sola con él viviré.
¿He de vivir como si no existieras en mí? Cómo hacerlo si estas aquí iluminando el resto de mis días, los que no son de posibilidad. Echo las cuentas conmigo misma y en ocasiones me hago trampas para creer que aún cabes en este tiempo de descuento.
Tu risita inexistente me hace cosquillas solo porque yo quiero escucharla, y creo hacerlo, por dentro, como una reverberación íntima, impostora, que debo destruir para no caer en la obsesión.
Si no vas a venir, hija mía, permíteme por favor el consuelo de conservar la cordura. No permitas que me resigne a un no-ser, con lo que ya soy, con lo que aun tengo por ser, por hacer, aunque no seas tú.
Tu madre.
jueves, 8 de marzo de 2018
Manifiesto para un 9 de marzo
Una vez más tratamos de poner de manifiesto una realidad de la que no siempre hemos sido conscientes, para empezar desde este momento a transformarla.
Todas nosotras, en cuanto que mujeres somos objeto de uso colectivo, históricamente maltratado, explotado y oprimido. El patriarcado ha hecho uso, a través de nuestro cuerpo, de las mejores capacidades humanas y las ha puesto a su servicio.
Nosotras, las mujeres, a lo largo de la historia hemos cuidado, hemos abrigado, hemos tejido redes de solidaridad donde solo había muerte y desamparo, siendo las principales, aunque no las únicas víctimas de los sistemas de dominio político, económico y social. Aun así, podemos decir con orgullo que en gran parte nuestras antecesoras han garantizado la supervivencia de la especie.Pero ¿a qué precio?, ¿a cambio de qué? A cambio de la imposición de esas mejores características como castigo en un régimen de semiesclavitud.
Por eso nos proponemos subvertir el orden, empezando por poner en valor lo que llevamos haciendo milenios de forma silenciada y sumisa, para que la organización de los cuidados sea otra, nueva, creada para nuestras necesidades humanas y no diseñada para el privilegio ajeno.
Las leyes del sistema, las leyes de los hombres (incluso aunque sean hechas por mujeres) no nos sirven ya. Esas leyes, aun las más bienintencionadas, nos mantienen en una minoría de edad intolerable. Las leyes de los parlamentos no están impidiendo el mandato de género. Sus leyes no evitan que seamos tratadas como objetos sexuales o máquinas reproductoras.
Somos nosotras, las mujeres que hemos decidido parar estar deriva quienes vamos a cambiar este sistema que aniquila nuestras potencialidades. Nosotras hemos decidido dejar de ser objeto para convertirnos en sujeto. Un sujeto que necesariamente ha de ser revolucionario y que no solo hoy, sino a partir de hoy, nos convierte en las guías de nuestra propia existencia.
Este 8 de marzo las mujeres de todo el mundo, huelguistas y no huelguistas, vamos a dar un paso más en la historia del movimiento feminista, un paso más en nuestra emancipación.
Por primera vez esta preciosa cita de hermanamiento de mujeres deja de ser un grito para pasar a la acción, sumándonos a la iniciativas pioneras que las hermanas americanas realizaron el año pasado.
Porque no sólo nos queremos vivas, nos queremos libres, y ejercemos nuestra libertad en un espacio de protagonismo, para poner en valor cuanto somos en un acto de empoderamiento colectivo.
Creemos que las palabras para describir la actual situación están casi todas dichas. No es necesario ya seguir justificando nuestro movimiento. Los motivos para la acción son claros y conocidos por todas las personas que eligen no permanecer ciegas ante la evidencia. Y ésta no debe ser demostrada, al menos nosotras no deberíamos estar dispuestas a seguir despilfarrando en ello nuestras energías. Valorar nuestro tiempo y esfuerzo es también una forma de empezar a asumir nuestro espacio y poder. Llevamos casi doscientos años explicando cómo se reproduce socialmente la desigualdad y el sistema sigue reinventándose a cada paso de una forma cada vez más perversa e ineficaz.
Es el momento de utilizar nuestro poder sin miedo. Es el momento de la revolución. Nosotras que estamos viviendo una cuarta ola de feminismo somos libres de elegir: nos quedamos observando con mirada escéptica esperando recoger los frutos de lo que otras siembren, o nos subimos a la ola y asumimos la responsabilidad de ser libres y crear otra forma de relacionarnos.
Ha pasado ya el tiempo de las palabras sutiles, contemporizadoras para despertar sensibilidades y remover conciencias. Quien a día de hoy no haya alcanzado ese nivel, difícilmente lo va a hacer ya, teniendo a su disposición los datos de esta guerra contra las mujeres que se libra cada día en todo el mundo.
No perdamos más el tiempo, la nueva pedagogía está en la propaganda por el hecho, en la acción al margen del sistema. No nos interesan sus leyes, vamos a crear las nuestras y por ellas nos vamos a regir, le pese a quien le pese.
Nosotras, las mujeres, hartas de esperar el resultado de nuestras reivindicaciones, de no obtener más que las migajas y mofas, iniciamos un camino de no retorno. Hemos tomado conciencia de que el privilegio jamás caerá con las herramientas del sistema que lo concede y, desde hace tiempo, hemos iniciado el camino de la auto-organización. El 8 de marzo no es la meta, sino el punto de partida para el inicio de una nueva ruta, la nuestra, con miles de dificultades y controversias, pero nuestra.
El éxito de la jornada no se mide con los criterios tradicionales de una huelga laboral. La propia convocatoria de huelga es ya un éxito. El éxito de hoy son las miles mujeres que por primera vez se agrupan en torno al feminismo, los cientos de asambleas, consejos y piquetes que están ahora mismo bajo la lluvia haciendo suyo el espacio público vetado por siglos. El éxito se mide en los millones de conversaciones en los hogares sobre la impertinencia de esta huelga por los problemas que causa en la organización de lo cotidiano. El éxito estará en las grandes manifestaciones. En las jóvenes que sabiamente se radicalizan y hermanan haciendo suya la idea de que si tocan a una, nos tocan a todas.
El éxito puedes ser tú, que lees pacientemente esto porque le das la importancia que tiene una pequeña reflexión sobre el feminismo.
El verdadero éxito de esta jornada reside en que nos permitirá mirarnos con otros ojos el día 9, cuando las redes de hermandad feminista creadas al albor de la huelga, abriguen las esperanzas de tantas mujeres que han decidido por fin buscar una nueva y mejor forma de vivir.
viernes, 6 de octubre de 2017
La rutina
Ahora, recuperada para vivir en sociedad, vuelvo a mis rutinas. El descuido de los incautos es la fuente de mi gozo. Un aparente resbalón en las escaleras del metro es mi desayuno preferido. Eso sí, intento compensar el daño causado ayudando a mi víctima a recomponerse tras la caída.
domingo, 15 de enero de 2017
Todas las veces
La primera vez que lo hiciste bailábamos abrazados una canción de Los Smiths en tu salón.
Desde entonces, no has parado de hacerlo casi todos los días.
Y en ese "casi" reside tanta verdad como en el "todos".
Podría gritar "Me gustas más que las aceitunas" y con ello aspirar a morder, cada día, tu diente mordido.
Aspiro a que, por una vez, sean todas las veces.
Y seguir bailando en tu salón como si nunca antes hubiera bailado.
lunes, 7 de noviembre de 2016
Quisiera poder quererte desde el origen de los tiempos.
Quisiera ser quien soy también gracias a ti.
Pero no, no es cierto.
Nada de lo sucedido ha sido en vano, ni siquiera el vacío que dejan las pérdidas.
No hay música sin silencios, no hay palabras sin espacios que las separen.
Las nadas son tan necesarias como los todos. Y hay que saber disfrutar también de las lecciones que dejan los huecos.
Cómo aprender si no a distinguir lo bueno de lo necesario, lo bello de lo útil.
Hagamos un trato.
Seamos siempre innecesarios. Seamos inútiles.
No quiero que rellenes mis huecos.
No quiero que me sirvas para nada.
No quiero quererte para mí.
De aquí en adelante solo quiero que bailes conmigo.
Nuestra música.
Sólo nuestra propia música.
miércoles, 26 de octubre de 2016
Siete letras en tu nevera.
Pero sé que hay exactamente ciento setenta pasos desde tu lado del parque al mío.
No puedo saber si lo que sentimos será cuestión de días, meses o años. Tampoco quisiera saberlo. Solo sé que tú sabes hacer como nadie el aquí y ahora que yo buscaba sin saberlo.
Ignoro cuántos amores has desaprovechado, cuántos te han dejado marchar. Pero reconozco el número exacto de segundos que tardas en recorrer mi espalda con tus dedos para hacerme de barro.
No necesito saber cuántas veces al día sonrío al aire al acordarme de ti, de un gesto, un olor, una palabra, mientras siga registrando sin conciencia los momentos más comunes, los que son nuestros.
No sabemos dónde ir, qué hacer, quienes seremos cuando dejemos de ser nosotros.
Pero sabemos que hay doscientos metros de tu cama a la mía.
Siete letras en tu nevera.
Siete letras en la mía.
lunes, 26 de septiembre de 2016
Lástima de cartón piedra
Y hacerlo yo misma. Yo sola.
Yo que te había inventado.
Ahora no estás, no eres, no somos.
Nunca fuimos.
Te creé para creerte, para saberme mejor.
Como si te necesitara.
Como si alguna vez no me hubiera sabido mejor.
Como si estuvieras a mi lado,
te vas de donde nunca has estado.
Qué lástima matarte en frío.
Matarte por poderes.
Matarte sin matarte.
Qué lástima sentir lástima
Porque no te conozco.
Porque nadie conoce a nadie
¿Por qué no te conozco?
Si aun cabrías en mi.
Lástima de cartón piedra.
Palabras que no se pronuncian.
Letras que solo mienten.
Sonidos que no merecen la pena.
Jadeos que te dejan fría.
Silencio.
lunes, 29 de agosto de 2016
De haberlo sabido
Quisiera meterte dentro pero eres tan grande que no me cabes. De haberlo sabido, puede que ni lo hubiera intentado.
Hueles a sal de playa aun sin haberla pisado, hueles a mí, sabes al mar que ya no veo.
Tienes en los ojos el derribo y la esperanza de cambio.
De haberlo presentido te hubiera buscado antes. Sin saber que existías, que estarías para mí en la medida justa en que ambos nos construimos, nos hacemos más amigos, nos queremos más.
Sin haberlo sabido, no te habría podido querer mejor.
De haberlo querido, nada cambiaría.
lunes, 4 de julio de 2016
365 cartas a Benita. Una.
Trato de imaginarte a mi edad y no sé hacerlo. Tengo treinta y ocho años y a veces siento que rozo la plenitud. Soy como las frutas que están a punto de revertarse, pero también sé que tengo todo por hacer, que aun puedo hacerme y rehacerme una y mil veces, como si nunca se acabara el tiempo de crecer, porque nunca se acaba el tiempo, solo se inician ciclos hasta el último de tus días. Descubrir eso me sosiega, me da placer, el placer de vivirme sin la sensación de perder oportunidades que no lo son. A tus treinta y ocho, abuela, te intuyo una mujer madura, aun con todo lo que tendrías que vivir.
Parece como si la vida entonces fuera otra cosa. La vida se vivía, no se miraba como un espectáculo en el que a veces actúas y otras aplaudes. Aun no tenías a mi madre. Aun no había estallado la guerra. ¿Intuirías de algún modo lo que se os venía encima? A mi me sucede que a veces tengo miedo. Te imagino haciendo tu vida ajena al desastre que acechaba, siendo feliz o intentándolo a tu modo, que no sé cual sería, y de pronto el mundo se vino abajo. Y tienes que sobrevivir. Huyes, salvas vidas, pierdes otras. Bombas, sangre, miedo, frío. Y vida, nace mi madre y gracias a ello ahora te escribo que apenas te pude conocer.
Me pregunto cuales serían tus sueños a los treinta y ocho. Y antes, a los ocho, a los veinte. Qué mujer veías en ti cuando eras una niña. ¿Te parecías a tu madre?, ¿pensarías en la madre de tu madre como pienso yo ahora en ti?
Hay tantas preguntas sin respuestas que tendré que inventármelas. Tengo mucha tendencia a la imaginación, abuela, y voy a pensar que tu también la tenías, aunque sea mentira. He decidido crearte, traerte de nuevo a la vida para que hables conmigo y me enseñes a vivir.
lunes, 20 de junio de 2016
Oaxaca
viernes, 17 de junio de 2016
Porque mi voz es humana, elijo.
¿Dónde están los sueños que ya no tienes porque los que tuviste tiempo atrás te han colonizado, se han apoderado de tu vida?
En otra ocasión será, sigue jugando.
miércoles, 1 de junio de 2016
A Claudio, I
No es nostalgia, es consciencia de lo vivido y placer de reconocerme cuánto he hecho yo para ser yo. Y, por qué no, reconocérselo también a quien sin querer, sonríe, y te graba ese instante en el disco duro para que, veinte años después lo saques y te acuerdes de que sí, alguna vez te hizo feliz.
Luego vienen los males, las otras canciones y los sabores amargos de esas otras resacas, las que duelen. Pero también somos nosotros y no cabe renegar.
Suenan Los Piratas en la radio y anoche lo pasamos bien. Te quiero y mi vida entera se presenta ante mí, como esa carretera que recorremos una y mil veces para unirnos y separarnos.
Risas, primavera, promesas de amor solo en parte incumplidas.
Gracias por intentarlo.
Gracias por irte cuando ya no era posible.
Y ahora no sé porqué me he acordado de ti. Ah, sí, la radio.
Será la primavera. Será que a mí nunca me salió tan bien el gazpacho.
sábado, 2 de abril de 2016
Un día se agotó, decidió darse el gusto de estar a solas con su saber y reconocerse en su propio valor. Renunció al exceso, a la humildad, eligió la soledad, las amigas con las que crecer y los amigos con los que seguir creciendo, a su manera, sin espejos, haciéndose cada vez más sabia.
Hizo entonces que todos le recordaran que, si volvía a hablar de amor, lo conjugaría en la dirección adecuada y sin olvidarse de la tercera persona.
lunes, 28 de marzo de 2016
Vienes al mundo en día de fiesta.
Vienes a traernos la alegría de vivir, la misma que te enseñarán tu madre y tu padre. Estás aquí para saciarte de lo mejor y aprender de lo peor. Para que duela lo justo, para que se vaya cuanto antes.
Has elegido un tiempo difícil para venir. Quizá sea porque tú y las tuyas, en el futuro, sepáis cómo salir del túnel donde os hemos metido y hacer de todo esto un lugar habitable, sano, mejor.
Ahora que necesitamos la esperanza, vienes tú a levantarnos el vuelo.
Eres la primavera, la vida que estalla y se renueva cada año, con cada ciclo, con cada una de nosotras.
Con tus ojos aprenderemos a mirar la luz como solo saben verla los impresionistas.
Confío en que me enseñes tus heridas. Ilusa, yo buscaré las palabras para sanarte como si se pudiera evitar que la vida, a veces, escueza.
Aprenderás a hablar, y cuando se nos olvide, vendrás a recordarnos que hay que dar la voz a quienes se la quieren quitar. Que hay que devolver la dignidad a los humillados con el ejemplo. Tienes una buena maestra en tu madre, empápate de ella.
Andarás y correrás para llegar donde sólo tú te propongas. No tengas prisa, deja que los demás te hagan la huella necesaria para ser tú misma.
Recuerda no dejar por el camino a nadie más que a quien pretenda hacer de ti su sombra.
Y cuando me necesites, búscame.
Bienvenida al mundo, querida niña, te estábamos esperando para que nos enseñes a vivir.
lunes, 21 de marzo de 2016
La foto
Esta fotografía se me clavó en la retina siendo yo pequeña y creo que eso me ayudó a ser quien soy. Vi en ella a mi abuela, que en ese momento sería más joven, pero yo entonces no sabía que las abuelas también fueron jóvenes. Vi a mi tía Alejandra, que con solo cinco años tuvo que salir huyendo del pueblo para refugiarse en Madrid, la tumba del fascismo, la tumba de todos los muertos que les quedaban por asesinar. Vi el dolor incomprensible pensando que de mayor comprendería.
Y sigo sin comprender lo que no se puede explicar.
Y sin embargo, tenemos que hacerlo, tratar de explicar para no permanecer inmóviles esperando a que las imágenes desaparezcan de nuestra vista. Pensábamos que nuestros ojos no iban a ver esto dentro de nuestro espejismo de civilización y agua caliente. Pero, ¿está justificada nuestra sorpresa? No lo dudo, lo niego ¿Acaso no sabíamos del sufrimiento de tantas personas? No nos ha dolido hasta que han venido a nuestra puerta y se la hemos cerrado. Vienen los supervivientes, los más valientes, los mas afortunados, la esperanza de la humanidad. Y nosotros nos suicidamos con ella.
La tortura, la maldad, tiene un problema con los umbrales. Ceden, ceden y vuelven a ceder a medida que nuestra aparente pasividad se lo permite. De modo que ni nuestra solidaridad ni nuestra indignación, imprescindibles ambas, pueden ser nunca suficientes para vencerla. La inacción política de los pueblos de Europa no es la muerte de la Unión Europea, los mercados siempre saben como reconstruirse, sino el suicidio de la Dignidad de la que nos creímos protectores.
Las muertas somos nosotras. Nos hemos dejado matar, somos zombies, y ahora vienen personas de verdad a darnos noticia de ello. No son un problema, son nuestra salvación. Si somos capaces de resucitar y defender lo que de humano nos queda en ellas, podremos salvarnos. Sin una solución política que provenga de los pueblos de Europa, que exija la inmediata disolución de los aparatos de poder criminales, no hay nada que hacer. Solo el pueblo salva al pueblo. Un pueblo consciente y organizado, un pueblo vivo.







